Camarada Cristo

El altar de la iglesia de un pueblo trasmerano de cuyo nombre es mejor no acordarse hállase presidido por la escatológica sentencia (¡pícara etimología!) de “La unión del pueblo es su fuerza”. El párroco allí encargado de hacer la revolución ha manifestado hace unos días su desagrado por la canonización conjunta de Juan XXIII, papa progresista donde los haya, y Juan Pablo II, representante del más retrógrado de los integrismos. Pocos días después la eminente socialista e inminente europarlamentaria Elena Valenciano ha revelado a sus fieles la trinidad que guía sus pasos: el Che, Felipe González y Jesucristo Superstar. ¡Cuánto daño cerebral han causado Carlos Mejía Godoy y los de Palacagüina!

 

Luego están los simpáticos obisparras vascos cómplices del terrorismo y los catalanes entregados en cuerpo y alma no a la salvación de ésta, sino a la de la Cataluña crucificada. Pero no están solos, pues tienen detrás a toda una Iglesia centrada en la beneficencia y ajena a todo lo que tenga que ver con los grandes misterios de la vida y la muerte, única justificación de su existencia en un mundo que no hubiera perdido la cordura. Vayan poniendo sus barbas a remojar quienes todavía piensan que el Cristianismo merece ser conservado. Quizá no tardemos en oír a las más altas jerarquías eclesiásticas que Cristo en un concepto discutido y discutible y que eso de Dios no ha sido más que una excusa para organizar una ONG con oficina central en Roma. ¿Acabará acertando san Malaquías?

 

¡Qué antipático se pone Dios cuando se mete en política, como ha demostrado y seguirá demostrando tantas veces la historia! Pero esta versión retromarxista, tan aplaudida por las diversas ramas de eso que llaman progresismo, sobrepasa lo tolerable por un estómago sensible. Nadie se extrañe de que, ante tanta tomadura de pelo, sean innumerables como las gotas del mar los que dan la espalda tanto a la Iglesia como, de rebote, al mismo Dios. Y de que algunos, por decencia o inteligencia, por ética o estética, acaben volviendo sus ojos a Júpiter Tonante.

 

El Diario Montañés, 15 de mayo de 2014

 

 

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