Pecando catalanamente

No hay nada más sagrado que un furor patriótico sabiamente agitado. Así lo está demostrando el escasamente creyente clero catalán al sustituir la cruz por la señera, como en la “oración por la independencia” celebrada hace unos días en la Sagrada Famila. A nadie debería sorprenderle después que en Cataluña acabe no yendo a misa ni Dios. Por ejemplo, sor Teresa Forcades, cuya vanidad llamaría la atención aun no siendo monja, se distingue no por su vida espiritual, sino por sus militancias separatistas. También destaca Hilari Raguer, monje monserratino de larga trayectoria política que ha publicado el libro Ser independentista no es pecado, donde sostiene que los españoles han intentado “colonizar” religiosamente Cataluña imponiéndole una espiritualidad “a la española”. 

 

Porque los catalanes también en esto son diferentes. Ya en 1930, en su tratado La Raza, Rossell i Vilar señaló que los catalanes se distinguen de los castellanos, además de por tenerla más larga (la ceja), por su “diferente manera de entender las cosas”. Pues –aclaró Rossell– mientras que el santo patrón madrileño es ese san Isidro al que los ángeles labran la tierra mientras duerme, personificación de los holgazanes españoles, san Abdón y san Senén, patronos de los payeses, trabajan cuatro jornales diarios, lo que personifica a los laboriosos catalanes. 

 

Añade Raguer que el catolicismo catalán es tolerante y el español, ¡cómo no!, autoritario. Lástima que el introductor de la Inquisición en España fuese el catalán Raimundo de Peñafort. Y que los primeros evangelizadores de América, implacables con los idólatras, fuesen colegas suyos de Monserrat. Y que Cataluña haya sido tan fértil en curas trabucaires. Y que el más influyente ideólogo integrista del XIX fuese Sardá i Salvany con su El liberalismo es pecado. Y que los dos principales apoyos eclesiásticos de lo que ellos mismos bautizaron como Cruzada en 1936 fuesen los cardenales Pla y Gomá. 

 

Pero la intoxicación separatista sigue avanzando a buen ritmo, con la ayuda de Dios.

 

El Diario Montañés, 3 de enero de 2014

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