La pluma es más poderosa que la espada

Jesús Laínz es un historiador e infatigable investigador montañés realmente meticuloso, lo cual ya es un buen motivo para leer sus obras. Nos sorprendió en el 2004 con Adiós, España, el más completo tratado sobre el nacionalismo vasco y el catalán. En su último libro, Desde Santurce a Bizancio, habla sobre cómo los totalitarismos, incluidos los que sufrimos en España, han hecho y hacen uso de la lengua para lograr sus fines políticos. Nos cuenta de forma amena y rigurosa la mutación artificial de las palabras para darles un significado acorde con lo pretendido, sea esto alimentar el ego de un dictador o crear la ilusión de una identidad nacional. Asimismo, desmonta, haciendo uso de datos contrastados, los argumentos de quienes pretenden fabricar conflictos para justificar el crimen.

 

Una vez más, Laínz nos invita a acomodarnos en un viejo sillón de orejas, tal vez bajo la protectora sombra de un roble en algún recóndito monte o en cualquiera que sea nuestro lugar favorito para practicar el vicio de leer, y estimula nuestra mente, agita nuestra alma contándonos aquello que pocos se atreven a decir debido a lo impopular que resulta criticar el presente.

 

A medida que uno comienza a pasar las páginas de Desde Santurce a Bizancio, la lectura de los hechos que el autor nos relata con su punzante estilo hace inevitable que, en no pocas ocasiones, esbocemos una malévola sonrisa, pues el ego exacerbado y el fanatismo llevado a los límites de lo absurdo convierten a muchos de los protagonistas de este libro en auténticas parodias de sí mismos. Los amantes de la historia disfrutarán buceando en la primera mitad de esta obra, viajando por un mundo plagado de líderes tan grandes ante los suyos como ridículos mirados desde fuera de las épocas en que su sola mención hacía temblar al más pintado. La segunda mitad resultará de alto interés para todo lector inquieto y preocupado por nuestra realidad social y política, pues ahonda de forma concreta en el desvariado actuar de nuestros nacionalistas patrios y sus múltiples intentos por convertir las distintas lenguas españolas en cantos al secesionismo.

 

Nos encontramos ante un libro poco común, único en su temática, riguroso pero, además, divertido. Realmente, la última obra de Laínz es algo más que un libro: se trata de una poderosa arma contra la intolerancia, el fanatismo y las ideas totalitarias. A Adolf Hitler se le rizaron los bigotes, al tiempo que chorros de iracundo vapor eran expelidos por sus orejas, cuando se vio caricaturizado en cuerpo y alma en El Gran Dictador, del inimitable Charles Chaplin. No sería difícil imaginar que lo mismo le ocurriría a Sabino Arana si viviera hoy y viera plasmada por la pluma de Jesús Laínz la ridiculez de su exaltación ideológica y de sus esfuerzos para transformar la verdad y convertirla en su absurda quimera quimera soñada.

 

No me queda más que recomendarles encarecidamente la lectura de este valiente escrito, que conjuga la comedia y la tragedia de forma tan lúcida, magistral y valiente que, no me cabe la menor duda, será recordado durante largos años como una de las pocas muestras de cordura de la convulsa época que vive España actualmente.

 

Juan Urrutia

Vistazo a la Prensa, 11 de agosto de 2011