De Jenofonte a Lennon

Se cuenta que Jenofonte, al recibir la noticia de la muerte de su hijo en combate, respondió con serena tristeza: "Sabía que lo engendré mortal". Dieciséis siglos después, en tierra hispana, Guzmán el Bueno eligió ver morir a su hijo antes que entregar a los moros la fortaleza de Tarifa, como sabían todos los escolares en aquella lejana época en la que se enseñaba historia. Ya en el siglo XX –y pido por adelantado perdón por la suprema incorrección política que voy a cometer–, el coronel Moscardó se encontró ante la misma amenaza que aquél y, en un gesto de grandeza antigua, entregó igualmente la vida de su hijo a los enemigos que le intimaban a rendir la plaza.

 

Esta concepción de la vida, del deber y de la muerte, a la mentalidad moderna le provoca risa. Sesenta años (tirando muy por abajo) de demolición del instinto vital occidental ha dado sus frutos. 

 

“Imagina que no hay cielo, es fácil si lo intentas,

ningún infierno bajo nosotros, sobre nosotros sólo el firmamento,

imagina a toda la gente viviendo para hoy…

Imagina que no hay naciones, no es difícil hacerlo,

nada por lo que matar o morir, y tampoco religión,

imagina a toda la gente viviendo la vida en paz…

Imagina que no hay posesiones, me pregunto si eres capaz,

sin avaricia ni hambre, la hermandad del hombre,

imagina a toda la gente compartiendo todo el mundo…”. 

 

Estas palabras, que a tantos han guiado desde hace cuatro décadas, las escribió el revolucionario multimillonario John Lennon, cuya pacifista viuda exige hoy que su asesino nunca salga de la cárcel aunque ya haya cumplido su condena.

 

José Bono ha declarado recientemente: "Yo prefiero que me maten a matar, soy ministro de Defensa". Bajo sus auspicios la oración a los caídos del día de las Fuerzas Armadas de 2004 fue modificada. "No quisieron servir a otra Bandera, no quisieron andar otro camino, no supieron morir de otra manera". Éste es el texto original. La primera estrofa fue sustituida por "No pudieron servir con más grandeza" y la palabra "morir" fue cambiada por "vivir".

 

Muchas cosas han cambiado en Occidente desde Jenofonte.

 

Mohammed Bouyeri, el islamista holandés de origen marroquí asesino del cineasta Theo van Gogh, tras degollarle en plena calle buscó el enfrentamiento con los policías para que acabasen con su vida. Ahora, en el juicio, su fanatismo religioso le conduce a expresar su deseo de que en Holanda hubiese pena de muerte para así subir al paraíso como un mártir.

 

Sí, lo sabemos: el heroísmo no tiene nada que ver con el salvajismo; ni el cumplimiento del deber con el fanatismo; ni la rectitud con la ignorancia; ni la virilidad con la bestialidad. Cierto. Pero quede apuntada la idea.  

 

Artículo publicado durante la primera legislatura zapateriana, entre 2004 y 2008, e incluido en España desquiciada

 

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