De España a Expaña pasando por la izquierda

El PSOE, que escatima a España su condición de nación, se la otorga sonriente a cualquier región que la reclame mediante pataleta. 

 

Dice Zapatero que quienes defienden la realidad nacional española expresada en el artículo 2 de la Constitución son unos fundamentalistas (los que proclaman las abracadabrantes naciones vasca, catalana o gallega, no). Anxo Quintana afirma que Zapatero está dando grandes pasos hacia un Estado de muchas naciones. Los socialistas Montilla y Touriño gobiernan en coalición con los separatistas Carod y Quintana y declaran enfáticamente –sin conceder derecho a réplica– la plurinacionalidad del Estado español. El PSOE catalán acaba de proclamar, cual dogma de la Inmaculada Concepción, que Cataluña es una nación. El PSOE vasco condena, una vez más, al nacionalismo español por rancio (el nacionalismo vasco, por el contrario, es ejemplo de modernidad). La Ministra de Incultura, Carmen Calvo, explica que lo importante no es que España siga siendo o no una nación, sino que siga siendo un Estado.

 

Éstas son unas pocas muestras, entresacadas de otras mil posibles, del imparable proceso puesto en marcha por el PSOE para liquidar –de espaldas a los siglos, al sentido común y a su propia tradición ideológica– ese innegable sujeto histórico llamado España. Imparable, sí. Pues la mayoría del pueblo español está a lo que verdaderamente importa: el fútbol. 

 

Fijémonos en tres hechos curiosos. El primero, el interés que paradójicamente tiene el PSOE en gobernar una nación cuya existencia le trae sin cuidado –cuando no le repele– en colaboración con cualquier partido cuyo objetivo, más o menos urgente, sea la secesión. 

 

El segundo, la estupefaciente declaración de la ministra Calvo, que considera que en la Europa del siglo XXI puede caber un Estado que no se fundamente en una realidad nacional producto del devenir histórico. ¡Feudales están nuestros muy reaccionarios socialistas, que atrasan tres siglos sus relojes para afirmar que lo importante no es que la nación se dé un Estado para gobernarse, sino que los ciudadanos de una pluralidad de inventadas neonaciones –insolidarias y hostiles entre sí– sigan siendo súbditos de la misma Corona! ¿Para esto la Revolución Francesa, de la que los socialistas siguen, muy incongruentemente, declarándose herederos? 

 

Y, por último, el verdadero hecho diferencial español: la asombrosa obsesión nacionalista de nuestras diversas izquierdas –del PSOE a ETA pasando por IU, HB, ERC, BNG, etc.–. Pues mientras que la izquierda, en todo el mundo, se caracteriza por su internacionalismo, su obrerismo, su economicismo, su indiferencia ante los asuntos patrióticos, nuestros dirigentes izquierdistas se dedican desde hace medio siglo a brincar como monas ante cualquier reclamo nacional. Cualquiera menos el español, claro. 

 

¿Despertarán algún día los votantes del PSOE? 

 

Artículo publicado durante la primera legislatura zapateriana, entre 2004 y 2008, e incluido en España desquiciada

 

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