La izquierda lerda

Vaya por delante que la expresión no es de este humilde juntaletras, sino del insigne izquierdista Fernando Savater. Porque en 2004, poco antes del comienzo de los ocho años de zapatiesta, denunció que dicha izquierda lerda había logrado que “cualquier invocación al pluralismo, aunque sea por motivos caciquiles, es considerada progresista, mientras que recordar la unidad de España resulta fascismo de mal gusto. Éste es el gran fraude ideológico, educativo y político de nuestra democracia: y el origen de la principal amenaza que pesa actualmente sobre ella”.

 

Hace sólo un par de generaciones habría sobrado la advertencia savaterina. El presidente Negrín, por ejemplo, afirmó en 1939 que “no estoy haciendo la guerra contra Franco para que nos retoñe en Barcelona un separatismo estúpido y pueblerino. La estoy haciendo por España y para España. Por su grandeza y para su grandeza. Se equivocan los que otra cosa supongan. No hay más que una nación: ¡España! No se puede consentir esta sorda y persistente campaña separatista, y tiene que ser cortada de raíz si se quiere que yo continúe dirigiendo la política del Gobierno, que es una política nacional”.

 

Por su parte, el dirigente socialista vasco Julián Zuagazagoitia reflexionaría un año después, recién terminada la guerra, sobre la soprendente adopción por parte de la izquierda de los objetivos ideológicos de los separatistas: “El proceso de este mimetismo colectivo necesitará ser estudiado con detalle”.

 

Efectivamente, setenta años después se ha completado el mimetismo: la hispanofobia y el filoseparatismo son partes esenciales del ideario izquierdista, algo incomprensible para cualquier otra izquierda europea. Por eso Savater ha acusado a la izquierda de haber elaborado “la coartada progresista para el nacionalismo”. Y ahora toca sufrir las consecuencias: no hay más que ver la continua hemorragia del socialismo catalán.

 

O el PSOE despierta o probablemente acabe arrojado a la cloaca de la historia y sustituido por un partido izquierdista no guerracivilista, no hispanófobo y no filoseparatista.

 

El Diario Montañés, 1 de mayo de 2014

 

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