Gramática de género

 

Aunque la realidad es muy tozuda 

y no hay modo de hacer que entre en razón, 

los progres organizan su mudanza 

para su personal realización. 

 

Pues la naturaleza les ofende 

en lo más hondo de su convicción 

por no ser lo bastante igualitaria, 

error que necesita corrección. 

 

Dado que es incurable su impotencia 

para la más simple constatación, 

retuercen cada día las palabras 

para avanzar en la revolución. 

 

Mas como la verdad es vengativa 

y deja en evidencia al impostor, 

se emplean bien a fondo en ocultarla 

y en dar al diccionario coz tras coz. 

 

Miles de páginas completarían 

de sus dislates la enumeración. 

Seamos, sin embargo, más humildes 

y hagamos una breve exposición. 

 

Al grano. Ciudadanos, ciudadanas, 

abran orejas, presten atención: 

hay que hacer sitio a la ciudadanía, 

que es neutra y, por lo tanto, superior. 

 

Atentos, profesores, profesoras: 

aprendan su nueva definición. 

Ya ustedes sólo son profesorado, 

lo que prestigiará su vocación. 

 

También sufrimos la tonta costumbre 

de duplicarlo todo, ¡qué obsesión! 

De presidente sacan presidenta 

dando al latín un recio bofetón. 

 

¿También conferencianta, por ejemplo? 

Oyentas, estudiantas… ¿por qué no? 

La que presente esté ¿será presenta? 

Y la que falte, ausenta, digo yo. 

 

Y en sentido contrario ¿no se puede? 

¿En “a” siempre será la conclusión? 

¿Tendremos igualdad en las palabras 

o discriminaremos al varón? 

 

¿Por qué no hablamos de los ebanistos 

o de cualquiera otra profesión? 

Ciclistos, analistos y juristos 

¿podrán pedir su recta enunciación? 

 

¿Y qué me dicen de los progresistos,

cima suprema de la evolución,

subdividibles entre socialistos 

y comunistos de cualquier versión?

 

Lo siento por la sinigual Bibiana 

y su imperecedera aportación: 

el miembro es muy distinto de la miembra, 

fuente de orgullo y de satisfacción. 

 

La hembra de la foca no es el foco; 

son cosas que no tienen relación. 

El macho de la rata no es el rato; 

tampoco, aunque parézcalo, el ratón. 

 

El macho de la mosca no es el mosco; 

más bien suele llamársele moscón. 

Ni el de la golondrina el golondrino, 

ni el de la mariquita el maricón. 

 

El lecho no es el macho de la leche, 

la leche no es la macha del lechón, 

el cacho no es el macho de la cacha, 

la gacha no es la macha del gachó. 

 

Ni el hembro es el macho de la hembra, 

ni varona la macha del varón. 

La picha, ¡menos mal!, no tiene macho, 

ni tampoco es la macha del pichón. 

 

Ya entrados en materia, concluyamos: 

la chocha es avecilla, el macho no. 

La coña es herramienta contra el tonto, 

del macho callaré por discreción. 

 

La lengua de Cervantes, pobrecilla, 

es hoy campo de experimentación. 

Si persevera en ello tanto imbécil 

yo juro que me hago anglosajón.

 

 

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